jueves, 16 de diciembre de 2010

Capítulo 5

Ayer me levanté sintiéndome en una película de terror.
Podrán decir que estoy paranoico, o que no comprendo la vida de los pueblos... pero hace semanas que estoy aquí, y la gente se la pasa mirándome. Los escucho comentar cosas a mis espaldas, sin ningún tipo de disimulo. E, incluso, me responden con evasivas a cada una de mis preguntas. La mayoría dice no entenderme bien.
No es una novedad que no soy bienvenido. Nunca lo fui.
Intenté explicar para qué vine, intenté sincerarme... hasta pagué varias rondas de grappa en el bar, intentando aflojarle la lengua a algún paisano, sin éxito. Siempre me dejan hablando solo, como si fuera un fantasma
El vacío es total.
Sólo una vez logré intercambiar unas palabras con un parroquiano que había llegado al pueblo luego de trabajar toda la temporada en el campo. Antonio era su nombre. El tipo se acercó a la barra, me saludó, y me dio charla. Hablamos del trabajo en el campo, de Italia, de Argentina, del mundial, de la siembra... del pueblo, de las familias, de los vivos, de los muertos...
Noté que el resto de los pocos clientes del bar nos miraba de reojo. Incluso el dueño,  no nos quitaba la vista de encima mientras secaba los vasos con un repasador.
Cuando la charla avanzó al terreno que yo pretendía, el dueño tiró el repasador a un costado y llamó a Antonio a la otra punta de la barra. Le dijo algo casi al oído, sin dejar de mover las manos.
Cuando Antonio volvió, simplemente me palmeó la espalda excusándose, dejó un billete y salió.

Lo volví a ver en otras ocasiones, pero actuó como si no me conociera. Y no volvió a dirigirme la palabra.

6 comentarios:

miralunas dijo...

epa! usté aparece como la luz mala,vea; tanto esperar que aparezca, siempre nos toma de sorpresa.
y ahora... no lo estarán confundiendo con alguien? parece que su historia se anda enredando en ese pueblo!
(de dónde era que era su bisabuelo?)

usté es el único que puede mantener mi intriga así, mezquinando letras. pero no abuse de mi paciencia!

le dejo un saludo!

Natalia Alabel dijo...

A lo mejor le pegaron un cartel en la espalda que dice "Soy un zoquete". Fíjese por las dudas

MAGAH dijo...

Sepa, cuando llega a un pueblo se convierte en sospechoso hasta tanto demuestre lo contrario.
Si se trae algo entre manos, cuidese.
Los poblados actúan como una gran flia. y como sabe estas siempre esconden un secreto, el cual suele ser celosamente guardado.

Le aconsejo que duerma con los ojos abiertos Morel.

Lo sigo!

Viejex dijo...

Usted disculpe, don Morel, pero yo sigo intrigado con eso de que la señora Anna escribiera su apellido antes de que usted se lo dijera.

Esto de que nadie quiera hablarle -me viene a la cabeza la palabra "omertá"- no me sorprende tanto.

PABLO FRANKO dijo...

Me gustan las imágenes cinematográficas de su relato, ese tipo mirando de reojo mientras seca un vaso... bien. A mi ha pasado una vez, eso de llegar a un pueblo y sentir que uno tiene encima el puntito rojo de la mira laser encima... espero tenga mejor suerte que yo. Abrazo

miralunas dijo...

buen año, Morel!
abrazos