sábado, 5 de febrero de 2011

Capítulo 9

Era bastante esperable que ocurriera esto.

Llegué a mi cita en el cementerio, puntualmente.
El sereno de la entrada me detuvo, alegando que el establecimiento ya había cerrado.
Pero me permitió pasar cuando le dije que iba a la tumba número 44.
Ya en ese momento, sospeché que las cosas no terminarían bien. Pero no me detuve: sabía que tenía que ir en busca de eso, para saber lo que pasaba en este pueblo, sea lo que fuere.
Prefería morir antes que quedarme con la duda.
Sospecho que esa fue siempre mi gran debilidad: querer saber. O, más aún, necesitar saber. Necesito saber aunque me haga mal. Aunque no sea necesario. Aunque no me importe. Quien necesita saber está mucho más expuesto de lo que parece.
Expuesto a todo. Por ejemplo, expuesto a un golpe en la cabeza con una pala, antes de llegar a la tumba número 44. Expuesto a aparecer dentro de un lugar oscuro y húmedo que resulto ser una bóveda.
Una bóveda cerrada con una cadena enorme y un gran candado.

4 comentarios:

miralunas dijo...

ah,mire! no voy a decir estaba avisado, porque a los curiosos no hay nada que nos pare. pero....y ahora?

no venga con eso de próxima fecha como las facturas del gas, plis!

Anavril dijo...

Un buen detective siempre porta su navaja suiza bien escondida!!!...no? Chicle y clips!

Viejex dijo...

Mejor no digo nada. Hablé de una cárcel y de la curiosidad en la entrada anterior y mire como lo dejaron! Le sonrió a la vieja puta?

Espero que alguien le tire una buena pista pronto, ya este asunto nos tiene en ascuas hace mucho, haciendo conjeturas sobre el padre de Renzo.

PABLO FRANKO dijo...

Espero que le haya dejado el celular!